La vida que nace de la herida

Para que haya vida tiene que haber herida. Esta es la posibilidad de una vida nueva y transformada.

Este año, bicentenario de nuestra Fundación, coincide con el 500 aniversario de la conversión de San Ignacio de Loyola, fruto de la herida que sufrió en la batalla de Pamplona el 20 de mayo de 1521. Esta herida quiebra su proyecto vital (mundano, ambicioso y guerrero) y lo sumerge en una profunda crisis que le obligará a entrar dentro de sí mismo, un mundo desconocido para él. A partir de ahora Dios tiene espacio en su vida y descubre cosas hasta entonces imperceptibles: movimientos interiores que, poco a poco, le empujan fuera de sí, abriéndose paso una nueva orientación vital que dará un giro radical a su vida.

Y es que toda herida es una metáfora de cualquier adversidad o dolor que afrontamos en la vida (enfermedad, fracaso, error, límite, pecado, frustración, vacío, decepción, traición, etc). Todas estas agresiones son como aberturas que alguien o algo, desde el exterior, provoca en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu, produciendo dolor. Pero al mismo tiempo, esta abertura se convierte en una puerta que puede dar paso a algo nuevo y desconocido, algo bueno y necesario. Toda herida es una oportunidad, si sabemos aprovecharla. Cierra caminos, pero abre posibilidades. Ignacio tuvo su oportunidad y no la desaprovechó.

La “herida” está en el origen de nuestra espiritualidad: ésta nace de una Herida, la del costado de Cristo. Es una herida de lanza, provocada por un soldado –símbolo del poder y la violencia- sobre una criatura inerme, vulnerable, ya muerta, que se yergue totalmente expuesta a cualquier agresión que externamente le pueda sobrevenir. El traspasado es el Dios-hombre vulnerable, el que se hizo uno como nosotros, el que no ahorró ningún sacrificio, esfuerzo o contingencia humana en esta vida: la prueba del don total.

Desde la cruz nos muestra cómo vivir y madurar nuestras heridas: la clave está en vaciarnos. Por eso la imagen no puede ser más elocuente: una brecha en el costado de la que manan, como un torrente, sangre y agua. Es una imagen que impacta a Juan, que la acoge como un testigo y cuya palabra revelada se convertirá en el fundamento escriturístico de la espiritualidad del Corazón de Cristo.

Las heridas en la vida las recibimos precisamente para eso: para vaciarnos. Estamos llenos de nosotros mismos, el ego campa a sus anchas por nuestra vida, en él ponemos nuestra vida y seguridad. Pero cuando estamos llenos de nosotros vivimos vacíos de Él. Las heridas son la oportunidad de desprotegernos, de palpar nuestra fragilidad, el espejismo de nuestros proyectos que impiden el paso de Dios. Si a partir de una herida no comienza un proceso de vaciamiento de nuestro ego, no tenemos curación. Hay que soltar lastre y la experiencia de mayor debilidad es la ocasión: reconocer el error, abrirse al consejo de los demás, escucharse por dentro, buscar algo más, recibir el consuelo, aceptar con humildad… son movimientos de claudicación, de entrega de nuestro yo, de vaciamiento. Y son la ocasión para que Dios conquiste el espacio robado a su amor y nos llene por dentro con su paz, consuelo y misericordia.

Jesús a través de la herida del costado se vacía y cuanto más se vacía más se llena del Espíritu y más lo entrega, porque le desborda. Solo cuando el recipiente está vacío puede llenarse otra vez. Y este Espíritu que lo llena por completo es el que le da la vida y la resurrección.

Mirando al crucificado ya sabemos qué hacer con las heridas: vaciarnos por completo y consentir en morir al hombre viejo. Tenemos miedo a que por ella se nos escape la vida, pero quizá sea una vida que tenemos que dejar partir. Quizá sea la vida (con minúscula) que impide que vivamos la Vida (con mayúscula). Es la experiencia cristiana de la Pascua, la paradoja de nuestra vida: el que más guarda su vida la pierde, el que más retiene menos tiene, lo que no se da se pierde.

Esta entrega produce vértigo porque deja la vida colgando, sin suelo bajo los pies. Es el momento en que se da el paso a la conversión: la vida pasa de estar fundada en el yo a estarlo en Dios. Es un cambio de fundamento, de referencia y de orientación. Es la nueva vida teologal que estrena el que ha consentido dar este paso.

Bienvenida, pues la herida, la nuestra y la de Jesús:

  • La nuestra, porque es la única posibilidad que tenemos de cambiar, de nacer de nuevo, de resucitar, de hacer algo grande, de superarnos, de ser fuertes Cuando soy débil, entonces soy fuerte (2Co, 12,10). Las heridas nos recuerdan que la vida no puede ponerse en las cosas, personas o proyectos, sino solo en Dios.
  • La de Jesús, porque es una herida que cura. Sus heridas nos han curado (1Pe 2, 25). Es nuestra referencia: atravesar nuestras vidas heridas sostenidos por la gracia que emana de la Herida. Solo cuando somos conscientes de nuestra herida tenemos la posibilidad de salvarnos o mejor, de dejarnos salvar.

Hno. Carlos

 

La herida – The wound – La blesure 

Cristóbal Fones

 

Al final de la vida llegaremos / con la herida convertida en cicatriz.

Life will tempt us to count the cost of loving.

Winding paths taking their toll within us.

As we stumble once again over the same stone,

despairing that we ever will walk freely.

Toute fois nous sommes les enfants du Dieu de l’amour

De vrais chercheurs assoiffés de réponses

En nous tu as semé tes plus grands espoirs

Afin que ton royaume puisse fleurir.

À la fin de la vie nous arriverons / Avec nos blessures devenues cicatrices.

In ourselves we will wage a conflict mortal.

Ranks of time will surround, pressing upon us.

While our hearts carry scars of every battle,

and rejoicing and music seem a lost dream.

Y, con todo, seguiremos bailando

porque así somos, humanos en tu estela.

Portadores de un fuego inextinguible.

Creyentes en un mundo sin fronteras.

Al final de la vida llegaremos / con la herida convertida en cicatriz.

Oui, nous sommes fragiles mais passionnés

Des rêveurs qui ne se découragent pas

Nous jamais nous ne renoncerons au matin

Même si la tempête nous assaille

Y si acaso se agrietan los motivos

por los que un día elegimos tu bandera,

even in our weakness we shall walk beside you

because your good news is life to every nation.

At the end of our days we will abide / with your love and grace to heal our every wound.

 

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