Hermanos del Sagrado Corazón: 75 años en Brasil

 (1945-2020)

CREYENDO, VIVIENDO Y DIFUNDIENDO EL AMOR DE DIOS

¡Alabanza y acción de gracias al Dios de la vida y de la historia, que suscitó la vocación misionera en los hermanos Simeón, Silvano, Alfredo y Geraldo! Estos valientes canadienses, audaces y con un corazón sin fronteras, llegaron a la tierra de Santa Cruz para implantar el carisma y la misión del instituto.

A finales de 1943, aprovechando una visita a los hermanos de Argentina, el hermano Albertinus, superior general, se acercó hasta Brasil y se entrevistó con el Nuncio apostólico en 1944. Don Inocencio, obispo de Campanha, había escrito al hermano Josafat, provincial de Montreal, pidiéndole hermanos para el colegio de dicha ciudad.

A petición del superior general, el hermano Valero (Joseph Mouly, 1898-1950), director general en Argentina, vino a Campanha. Visitó la escuela, conoció todos los detalles para la llegada de los hermanos y se encargó de todos los requisitos para esta fundación. El 7 de mayo de 1945, los hermanos Albertinus y Josafat firmaban el acuerdo de fundación de la obra brasileña y nombraban a los hermanos fundadores: Simeón (Joseph Charron, 1905-1974) como superior, Silvano (Sylvain Tardif, 1912-1989), Geraldo (Louis-Gérald Thibodeau, 1921-secularizado en 1956) y Alfredo (Lionel Lamy, 1921-secularizado en 1979).

Los fundadores zarparon del puerto de Nueva York el 14 de septiembre de 1945 en el “José Menendes”. Los pioneros de Chile les acompañaron hasta Río de Janeiro. Tras 21 días en el mar, llegaban a Río el 5 de octubre. Fueron recibidos por monseñor Gladstone Chaves de Melo, monseñor Fausto, obispo de Campanha, y el señor René Jouclas, de la embajada canadiense.

Tras una breve visita de Río de Janeiro, se dirigieron hacia el sur, concretamente a Minas Gerais, en el célebre tren María Fumaça. La tarde del 13 de octubre llegaron a Lambari (Minas Gerais). Al día siguiente, los hermanos eran recibidos con una gran recepción y acogida por parte de los habitantes de Campanha.

Al principio vivían en el palacio episcopal. El 21 de enero de 1946 pasaron a una casa en Pau-a-Pique, adosada a la escuela, donde vivieron hasta 1961.

Los primeros meses los dedicaron al estudio de la lengua portuguesa. El 21 de marzo de 1946 comenzaban sus actividades en el Colegio San Juan con 90 internos y 70 externos.

Desde su llegada, los hermanos se preocuparon por formar a brasileños que pudieran continuar la obra. Aprovechaban las vacaciones para visitar niños y jóvenes con el fin de sembrar el ideal religioso en las escuelas y en sus familias.

Para adaptar el carisma a los tiempos y a las nuevas necesidades, educando y ayudando de forma distinta a los destinatarios de la misión, apareció en 1993 Pronoama (Proyecto Nuevo Mañana): un nuevo proyecto de futuro para acoger y educar niños y adolescentes de familias necesitadas. Este espacio educativo sigue aún hoy acogiendo y ayudando a numerosos niños y adolescentes con el fin de prepararlos para la vida.

El 14 de febrero de 1994, los hermanos inauguraron el Centro de pastoral juvenil, un lugar de acogida, reflexión, estudio y formación para jóvenes que buscan comprometerse en la Iglesia y en la sociedad. Los hermanos siguen todavía hoy comprometidos en la pastoral diocesana juvenil como una presencia de esperanza, fe y confianza en la fuerza de los jóvenes.

NUESTRO AGRADECIMIENTO

La gratitud es la perfección del amor, la gratitud es nuestra oración. Gracias a Dios por el don precioso que nos ha confiado mediante la intercesión del padre Andrés Coindre y del hermano Policarpo. Gracias al superior general de la época, hermano Albertinus, y a la provincia canadiense de San Jacinto, que hicieron posible la expansión del instituto en Brasil. Gracias a la Iglesia de Brasil que, en la persona de Monseñor Inocencio Engelke, acogió a nuestros cuatro primeros hermanos misioneros en la diócesis de Campanha– MG, primer paso para otras presencias en la misión educativa que la Iglesia ha seguido requiriendo de nosotros. Elevamos hoy a la Trinidad un himno de acción de gracias para que esta pequeña porción del instituto continúe escribiendo su historia en suelo brasileño.

Una oración de reconocimiento y admiración a todos los hermanos canadienses, vivos y difuntos, que vinieron hasta aquí para dar su vida y contribuir al desarrollo de la provincia; también a los exhermanos, que durante un tiempo de su vida nos dieron fuerza. Gratitud hacia todos los hermanos que hoy forman la provincia y que en los apostolados más diversos sirven con generosidad y fervor, dando a conocer la misión del amor, de la acogida y de la bondad del Corazón de Cristo. Gracias a los colaboradores que comparten sus dones con nosotros y a todos aquellos que nos apoyan en la Iglesia y en la sociedad.

Bajo el manto de la Virgen Aparecida, la Madre Negra y Reina de nuestra patria, colocamos nuestro camino de vida consagrada y nuestra misión. En un esfuerzo común y perseverante, en la oración y en la unidad de un mismo ideal, renovemos a diario el entusiasmo, la esperanza y la alegría de pertenecer al Corazón de Cristo.

Hno. Auristênio, S.C.

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