Tutti Fratelli – Todos Hermanos

¡Somos hermanos …
para los demás!

A través de la sesión Tutti Fratelli (Todos hermanos) pude darme cuenta que debemos profundizar este llamado a descentrarnos de nosotros mismos y a recentrarnos en nuestra misión en la Iglesia y en el mundo; a vivir nuestra identidad específica que nos diferencia del sacerdote, del laico, de la pareja y estar orgullosos de ella; a aprovechar la oportunidad que se nos da para testificar en nuestro mundo de la importancia de la fraternidad y de la comunión entre todos; a no dejarnos sofocar por la crisis de confianza y de credibilidad que vivimos en la Iglesia actualmente y que nos invita a vivir plenamente en la humildad y en la verdad; y finalmente a confiar en Dios, que nos habita. Hagamos como Jesús con la Samaritana, totalmente sorprendida cuando él pidió de beber. Fue el comienzo de una nueva vida para ella. ¡Sí, estamos invitados a esta experiencia de Jesús Cristo que cambia nuestras vidas!

Como ustedes saben la sesión Tutti Fratelli reunía hermanos religiosos de distintos institutos que tenían su casa central en Roma. Éramos sesenta participantes de tres idiomas (de los cuales ocho FSC, la más numerosa de la comunidades participantes) reunidos en una gran familia de hermanos venidos de todas partes, para profundizar nuestra identidad, para generar un nuevo espacio de inter-congregacionalidad entre las comunidades y ofrecer una oportunidad de formación permanente que incluye una iniciación al liderazgo comunitario y a la animación.

Desde el comienzo de la aventura, el 8 de setiembre en la noche, estábamos invitados a estrechar nuestros manos, a convivir con nuestras diferencias, con el desafío de los idiomas, de las nacionalidades representadas y con ciertos temores de mi parte y seguramente de parte de muchos otros. Fue así que recibimos el llamado a la unidad en la diversidad. Cada uno se esforzaba por establecer el primer contacto con el otro, sintiéndose también desorientado … ese otro que, por su elección de vida idéntica a la mía, finalmente es mi semejante. Entonces, ¿por qué tener miedo? Uh, qué ejercicio de abandono que nos hace no mirarnos al ombligo. Y es así que la sesión comenzó, aunque no hablábamos el mismo idioma y que por momentos nos encontrábamos sin palabras o en la búsqueda de palabras para poder entendernos.

Las cuatro semanas de formación incluían nueve temáticas diferentes y complementarias a la vez, impartidas por muy buenos profesores o conferencistas, en su mayoría hermanos religiosos. Comparto aquí algunas palabras sobre los temas que más me llegaron: la identidad (¿quién soy en la Iglesia?, el reconocimiento de nuestro estado de vida); la espiritualidad del hermano religioso (mi vida, mi trabajo, mi respiración deben estar conectadas con Dios que no está lejos sino que está en mí); el liderazgo comunitario (las cualidades del buen líder, las actitudes de Jesús en las Escrituras, la necesidad de discernimiento en nuestras vidas); la secularización y la interculturalidad (nuestro mundo secularizado, pluralista). Se nos invita a ver la secularización de una manera diferente, como un fenómeno positivo (cita de Jean Baubérot), somos “Hijos de un mismo Padre” (Mateo 5:46), nuestra vida fraterna da testimonio de eso, la Iglesia debe seguir siendo una voz crítica en el mundo (cita de Johann Baptist Metz). El Papa dice que la Iglesia también debe hacer su autocrítica y mantener el diálogo con los pueblos; la protección de los menores por parte de un joven jesuita alemán Hans Zollner nombrado por el papa como responsable de este dossier. La crisis que atravesamos debemos afrontarla con humildad y respeto por las víctimas, los diversos abusos, los protocolos a elaborar, trabajar juntos institutos/Iglesia (canónico) y según la ley del país, los programas de formación a la vida religiosa, la ética de la vigilancia, la calidad de los equipos de formadores, la selección de candidatos, el acompañamiento y el aspecto sico-afectivo (madurez) que es de los más importantes. El tema de la cultura de la vocación en un mundo cambiante también fue abordado por un especialista que hizo referencia al sínodo de jóvenes y a la publicación (la exhortación papal) que surgió del mismo en 2019: El Cristo está vivo. Les recomiendo la lectura de la exhortación.

Todo esto intercalado con encuentros muy interesantes: la audiencia papal en la plaza San Pedro el 25 de setiembre. La visita del Cardenal Braz de Avis (brasileño) prefecto de la congregación de institutos de vida consagrada el 27 de setiembre (encuentro memorable por su humanismo, su simpleza y su realismo ante los desafíos y dificultades actuales). Un corto viaje a Asís, el 28 de setiembre, para inspirarnos de la vida de San Francisco. Y finalmente, un encuentro con los superiores generales de cinco congregaciones diferentes, el 4 de octubre (otro punto culminante pero demasiado breve que permitió un interesante intercambio mutuo). Nuestro superior general, el hermano Mark Hilton hubiera deseado participar de este encuentro de Tutti Fratelli pero, desde el 1º de octubre se encuentra visitando a los hermanos de Oceanía.

El buen humor también estuvo presente y la buena disposición de todos y cada uno permitió asegurar el éxito de este encuentro intercultural. Juntos, fuimos invitados a la fraternidad y a la comunión. Dejando de lado algunos pequeños problemas debido a la traducción al francés (éramos apenas unos diez francófonos et un universo mayoritariamente anglófono) y a la falta de consignas claras para la ocasión, todo se desarrolló muy armoniosamente y suscitó mi interés a pesar de mis limitaciones personales en lenguas extranjeras. En la casa general de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (vía Aurelia), esta comunidad que celebra en 2019 el 300 aniversario de su fundación, estábamos muy bien alojados y rodeados de diferentes grupos, dado que la residencia es muy grande y muy concurrida. Finalmente el domingo, con otros FSC, pude hacer una visita fraterna a nuestros hermanos de la casa general.

Al final de esta sesión original e intercongregacional, quiero dar gracias al Señor, a los organizadores de Tutti Fratelli y a ustedes mis hermanos del consejo general y del consejo provincial por haberme dado esta oportunidad. Al finalizar la sesión, el rito de envío en misión fue muy elocuente: un delantal, símbolo de servicio, fue entregado a cada participante. Cada cual a su turno, fuimos atando el delantal de un compañero como símbolo de apoyo y de compromiso.

Hermanos, nuestra identidad nos llama a dar testimonio de fraternidad y a hacerlo con la más profunda alegría, tal como nos lo pide el papa Francisco. Para él, la verdadera alegría de los religiosos es la mejor invitación para el futuro de la vida consagrada y la concientización de los jóvenes.

Pido a quien es la FUENTE y el CENTRO de nuestras vidas, el Cristo, que me ayude a hacer la relectura de este mes intensivo en preguntas, toma de conciencia y llamados que ha suscitado en mí. Y, quién sabe, ¿tal vez despertará algo en ustedes?

Hermando Dominique Savard, S.C.
Casa general,
Roma, 8 de octubre de 2019

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