El escolasticado de Douala

El hermano Donald me propuso compartir mi experiencia en Douala; seguramente para muchos de ustedes que leerán este mensaje habrá inevitables repeticiones. En primer lugar, digamos, ya para empezar, que me siento muy bien y que valoro la tarea que se me ha encomendado, sobre todo la disposición de los jóvenes hermanos de entre 25 y 31 años, sumamente atenta y colaborativa, gracias seguramente a la formación de base que ya han recibido y que constituye un homenaje a sus predecesores. Su activa colaboración se evidenció en los dos encuentros realizados con ellos en setiembre y en las entrevistas que tuvieron lugar en ese mismo mes. Ocurrió lo mismo en las reuniones de la gran comunidad de 12 hermanos del Colegio St. Michel, a la cual estamos asociados.

Interpelado por diversos aspectos de la Guía de Formación, una idea surgió en mi cabeza, por no decir en mi corazón. Iniciar un grupo de “comunicación” llamado SCODOU: Escolásticos/Douala. Se trata de una experiencia que busca expresar su originalidad, y que tiene como objetivo primordial promover un acompañamiento de proximidad “ACERCARSE A”, algo que deseo se vuelva constante y progresivo a lo largo del presente año de formación.

Sus horarios universitarios son tan dispersos que en algunas ocasiones tendremos dificultades para poder encontrarnos todos, ya sea durante las comidas, en las oraciones, o en otros momentos; todo eso me obliga a una gimnasia de planificación. Es por eso que, por esta vía, podremos al menos intercambiar regularmente comunicaciones de todo tipo (por ejemplo, mensajes de aliento, de interés por sus estudios, informaciones, recordatorios, aniversarios, enlaces de oración, etc.) que deberían favorecer y alimentar aún más la atención recíproca en nuestras relaciones fraternales.

Por ejemplo, el 5 de octubre asumieron la responsabilidad de organizarse y hacerse cargo de importantes trabajos de limpieza. Transcribo aquí lo que escribí en SCODOU al respecto:

Ustedes recibieron el plan que se me presentó, trabajos  a realizar durante los cuatro fines de semana de octubre, que firmé para dar mi conformidad, con la finalidad de realizar en prioridad la gran sala “casa limpia”, lo que en realidad quiere decir: puesta en orden, limpieza a fondo, pintura (colores a su elección), y  luego ver: mobiliario/ ventilador/cortinas, tinturas, etc. Esperamos poder crear un espacio del que podamos estar orgullosos, siempre acogedor. Gracias por esta colaboración que cada uno de nosotros podrá aprovechar en el futuro, ya sea para nuestros encuentros, para nuestras tareas colectivas o en equipos y otras necesidades.

Las reacciones de unos y otros a mi mensaje fueron muy placenteras. Es justamente lo que deseábamos y esperábamos. El espíritu comunitario se construye según las circunstancias, las exigencias y la originalidad propia de cada entorno; es lo que me esfuerzo por analizar y entender intentando respetar “los colores” de una vida que es de cultura africana.

Todos sabemos hasta qué punto nuestro mundo, las generaciones, las mentalidades y los estilos de vida nos interrogan a través de sus cambios rápidos y a veces inquietantes.

Qué decir (con un maestro que no es de su generación, ni de su cultura) cuando se trata, en estos contextos de cambios sociales, de jóvenes que adhieren con grandes fragilidades a la vida religiosa con vistas a la formación de la juventud, cuando muchas veces ellos mismos pertenecen a etnias diversas, con mentalidades bien diferentes.

En esta misión de acompañamiento, tengo el placer de consultarlos, de escucharlos, de permitirles expresarse y, bajo la influencia del Espíritu que nos habita, simplemente ayudarlos a caminar. Sólo Dios conoce el corazón y el deseo de cada uno de ellos.

Hermanos de todas partes: Gracias por vuestro fiel apoyo en la oración.

  1. Gilles, sc.
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