SAN VICENTE DE PAÚL Y ANDRÉS COINDRE. VIDAS PARALELAS (I)

Entre las obras de predicación del Padre Coindre encontramos dos sermones panegíricos dedicados a San Vicente de Paúl. Se trata de dos piezas oratorias que manifiestan el talento del fundador para la predicación. Pero también muestran la incondicional admiración que sentía Andrés Coindre por la vida y la obra de San Vicente de Paúl. A medida que te adentras en la lectura de los dos sermones parece como si la vida del Padre Coindre fuera una réplica de la vida y la obra del fundador de las Hijas de la Caridad.

El Hermano Bernard Couvillon ya había apuntado las coincidencias evidentes en la vida de ambos fundadores : “Como Vicente, Andrés fue un predicador que ‘habló en nombre de la compasión’; como Vicente, fundó una sociedad misionera y congregaciones religiosas motivadas por ‘la compasión y la caridad’ para acoger a niños abandonados. Como Vicente, hizo su opción vocacional tras oír esta llamada de Dios: ‘He sido testigo de la aflicción de mi gente y te he elegido como instrumento de mi misericordia’ (cf. Notes, p. 187, 195, 183).”  (La opción por la compasión, pág. 29)

En efecto, hay paralelos biográficos realmente significativos. Si Vicente funda las Hijas de la Caridad para atender a los más necesitados, el mismo impulso tiene el Padre Coindre al fundar a las religiosas de Jesús María y a los Hermanos del Sagrado Corazón. Si Vicente funda la Congregación de la Misión, también llamados Padres Lazaristas, para predicar las misiones populares, Andrés funda los Padres del Sagrado Corazón de Monistrol persiguiendo el mismo fin. Los dos son sacerdotes que, a pesar de que han alcanzado una posición social que les permite vivir con comodidad y sin contratiempos, deciden llegar hasta la exigencia evangélica para dejar todo lo que tienen y dárselo a los pobres.

No hay que olvidar, además, que el padre de Andrés se llamaba Vicente, y que su hermano, también segundo superior general del Instituto, era Francisco Vicente. No sería pues de extrañar que la devoción por San Vicente de Paúl no sólo fuera una devoción personal sino que también tuviera raíces familiares. Estos detalles pueden parecer anecdóticos, pero son importantes  cuando se trata de construir una biografía de la que ya conocemos bastante bien la sucesión de los hechos, pero que adolece de un estudio de las motivaciones y de la  inspiración espiritual de nuestro fundador. La tradición de poner dos vidas frente a frente proviene de la antigüedad. Encontramos su máxima expresión en Plutarco y sus Vidas Paralelas. El autor opone un personaje griego y otro romano para poner de manifiesto el carácter moral de cada uno de ellos, además de narrar los acontecimientos sociales y políticos de la época. Fue uno de los libros más estudiados y citados del Renacimiento y el Barroco. También formó parte de los libros preferidos por los predicadores. Plutarco era un autor, que por su buen estilo y la altura moral de su obra se podía citar  desde el púlpito sin incurrir en peligro de paganidad.

Los primeros cristianos imitaron el estilo de Plutarco para elaborar las primeras vidas de santos. La cultura medieval y el renacimiento estuvieron llenas de retratos literarios de santos que tenían como principal misión servir de modelo a otros para alcanzar la santidad. Para ello había que hacer una narración atractiva, dotándola de recursos literarios y a veces hasta folclóricos, para atraer la atención del lector. Hay que tener en cuenta que la palabra lectura en la Edad Media  era sinónimo de lectura de las vidas de santos. Todos conocemos la experiencia de San Ignacio de Loyola. Se convirtió leyendo la vida de San Onofre, contenida en  Flos Sanctorum ( así se llamaban la colecciones de vidas de santos) que le habían prestado durante su convalecencia.

Sabemos que el Padre Coindre manejaba al menos dos biografías de San Vicente de Paúl. En los archivos de las religiosas de Jesús-María tenemos la biografía escrita por el Padre Collet, con la firma autógrafa de Coindre en su portada. Este libro era suyo, de Coindre, seguramente viajaba con él. El Padre Collet fue un sacerdote de la Congregación de la Misión que escribió la segunda gran biografía de Vicente de Paúl. Fue publicada en 1748, aunque la edición perteneciente a nuestro fundador está impresa en Lyon en 1811.

El otro libro del que hablamos es la primera biografía de San Vicente de Paúl, escrita por Monseñor Luis Abelly, Obispo de Rodez, y publicada en 1664. Abelly era amigo íntimo del santo, y su obra monumental sigue siendo la referencia indispensable para cualquier estudio sobre el santo de la caridad. El libro lleva por título La Vida del Venerable Siervo de Dios Vicente de Paúl, Fundador y Primer Superior General de la Congregación de la Misión.

Coindre conoció este libro en el seminario. Aparece en el Breve Manual para el uso del seminario de San Ireneo publicado en Lyon en 1833.  Este es un manual destinado a los seminaristas y a los jóvenes sacerdotes egresados del seminario lionés. El último capítulo lleva por título “Pequeña biblioteca para uso de un joven sacerdote”. Dice entre otras cosas: “un sacerdote sin libros es un sacerdote ignorante. Un sacerdote ignorante está fuera del camino de la salvación, porque en lugar de ser la luz del mundo no es más que un guía ciego que se precipitará en el abismo junto a las almas a las que debe conducir al cielo. Aconsejamos pues a los sacerdotes que comiencen cuanto antes a hacerse una pequeña biblioteca. Lo importante no es tener muchos libros, sino tener solo los buenos y no tener miedo de volver a leer los mismos, siempre que estén bien elegidos.”

El manual recomienda libros de Sagrada Escritura, Comentarios, Liturgia, Concilios, etc. En cada apartado aparecen hasta media docena de títulos. Cuando se llega a las vidas de santos, en lugar preferente está la Vida de San Vicente de Paúl, de Abelly. Un libro que sin lugar a dudas se encontraba en la biblioteca del Seminario de San Ireneo y que es más que probable que Andrés lo conociera muy bien. Así pues, sabemos que Andrés poseía la biografría escrita por Collet y que había leído desde muy joven la obra monumental de Abelly. Tenemos la suerte de que también conservamos dos sermones dedicados al santo de la caridad. Al leer estos sermones, hay pasajes de texto

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