33 años en el Puericultorio

“Custodiar y educar a los niños y jóvenes más necesitados y abandonados de su tiempo”

Pensar en el Puericultorio, obra de don Augusto Pérez Araníbar, es pensar también en el Padre Andrés Coindre, pues, a los dos les conmovió el abandono en que se encontraba la niñez y juventud de su época.

Por un lado, al Padre Andrés Coindre funda una congregación de Hermanos para acoger y guiar a los niños abandonados luego de la Revolución Francesa en el Pío Socorro (Lyon, Francia), por otro, Don Augusto Pérez Araníbar decide crear una Casa Hogar (Lima, Perú) para los huérfanos y brindar así ayuda a los infantes que estaban en situación de extrema pobreza, riesgo social y abandono; y capacitarlos con los medios de aquel entonces, para que llegaran a ser niños y adolescentes críticos, democráticos, justos, leales, solidarios y competentes, capaces de insertarse con éxito en la sociedad en la que vivían. Se unen así estas dos obras, que coinciden en los mismos ideales: “Custodiar y educar a los niños y jóvenes más necesitados y abandonados de su tiempo”.

Esta obra, fue inaugurada el nueve de marzo de mil novecientos treinta por Don Augusto Pérez Araníbar, junto con la colaboración y ayuda del Dr. Víctor Larco Herrera, Tomás Valle, Miguel Echenique e Ignacia Rodulfo de Canevaro.

Tiene un área aproximada de 14 hectáreas y está situada cerca del Océano Pacífico en el distrito de Magdalena del Mar, posee amplios jardines y ambientes cómodos. Está conformada por tres secciones: el Hogar de Infantes desde de los 0 a 6 años, el Hogar de Mujeres desde los 7 a 18 años, ambos actualmente a cargo de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y el hogar de Varones que comprenden desde los 7 a 18 años, a cargo de los hermanos Corazonistas desde 1985.

Nuestra labor, en el Hogar de Varones “Tomás Valle”, nombrado así en homenaje a uno de los benefactores, se caracteriza por llevar a cabo la organización, supervisión y dirección del personal auxiliar que atiende a los niños agrupados en dormitorios de acuerdo a su edad y grado de estudios. Además, de organizar la pastoral y algunas actividades extraescolares junto con nuestros colaboradores.

Hoy, después de tanto tiempo de habernos dedicado en cuerpo y alma a esta misión, toca decir adiós, no sin antes agradecer a todos los trabajadores de la Institución, a nuestros Auxiliares de Formación y a todas las personas que han colaborado con nosotros en esta obra muy querida por nosotros, pues, como hemos visto, con la obra del Padre Coindre solo nos distanciaban el tiempo y el lugar.

33 años es la edad de la muerte de Cristo. Tiempo suficiente para plantar la semilla del Reino que hoy germina en la Iglesia que continúa su misión. Seguro que estos 33 años han dejado en esta institución y en el corazón de los niños y jóvenes una huella imborrable que marcará el destino de sus vidas. Y ojalá que este cierre sea el origen de nuevas misiones que nos esperan en esta tierra tan querida de Perú.

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