Andrés Coindre y la Educación VI: Un sano equilibrio

¿Los abandonáis a su suerte? Esperad y veréis, os harán pagar muy cara vuestra culpable negligencia. ¿Os comportáis con ellos sin bondad ni ternura? No os mostrarán ni amor ni confianza. ¿Los conducís con una familiaridad demasiado fácil? Os despreciarán y [no] os regalarán ni la veneración ni el respeto. ¿Vuestra autoridad es demasiado severa? Corroerán impacientemente su cadena y sólo suspirarán por el momento de libertad. ¿Utilizáis con ellos una complacencia floja, una dulzura que no sabe ni castigar ni reprender? Os dominarán. ¿Los abandonáis a su libre albedrío? Serán vuestro oprobio y tormento sin permitiros manifestarles vuestro dolor. ¿Los irritáis con una firmeza demasiado austera que no sabe jamás ni disimular ni perdonar? Los haréis atrevidos e irascibles, y su carácter será sombrío, siempre dispuestos a defenderse, porque vosotros habéis estado siempre listos para acusarlos.

 

¿Queréis obtener de vuestros hijos las más dulces de las satisfacciones, encontrar en ellos la dicha de vuestra ancianidad? Estudiad su inclinación natural, acomodaos a su carácter y conservad siempre un razonable temperamento tanto en vuestros castigos como en vuestras recompensas, en vuestras reprimendas como en vuestras caricias. Reprimid este espíritu desbocado e impetuoso, pero no lo avinagréis. Tened paciencia con este espíritu lento y tardío, pero no favorezcáis en absoluto la ociosidad y la indolencia. Rebajad los humos de esta alma orgullosa y altanera, pero no la volváis baja y rastrera. Reprimid mediante el temor, cautivad con el terror a este corazón rebelde e indócil, pero absteneos de inspirarle una sólida timidez pueril”.

 

[Manuscrito 57]

REFLEXIÓN SOBRE EL TEXTO:

 

Dos ideas principales podemos desentrañar de estos párrafos de Andrés Coindre. La primera de ellas es el equilibrio necesario en la educación, pues cualquier desvío traería consecuencias negativas. Por eso nos muestra cómo es preciso evitar los excesos tanto de exigencia como de flojedad. Esto mismo se aplica también a los castigas y a las recompensas: deben ser siempre moderadas, evitando los extremos.

 

Solemos considerar la educación de tiempos pasados como demasiado rigorista, pero hoy en día, en muchas sociedades desarrolladas, hay un exceso de contemplación con algunas conductas negativas y recompensas excesivas cuando el esfuerzo ha sido poco. Todo esto lleva a niños y jóvenes más bien caprichosos y con escasa tolerancia a la frustración.

 

La segunda idea está expresada brevemente en este consejo: “estudiad su inclinación natural, acomodaos a su carácter”. Vemos claramente como Andrés Coindre no propone soluciones mágicas aplicables a todos los casos. Por el contrario, cada persona es única y los padres y educadores deben conocer muy bien su personalidad para saber cómo acompañarlo de la mejor manera. Hoy en día es común hablar de educación personalizada, pero parece una idea pionera para su época.

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