Quién es quién en nuestra fundación

La mayoría de las personas que de un modo u otro se relacionan con los Hermanos del Sagrado Corazón probablemente hayan oído hablar del Padre Andrés Coindre y del Hermano Policarpo. Sin duda ellos son las dos figuras más destacadas de nuestra historia y no se puede comprender el origen de nuestro carisma sin conocerlos a ambos. Pero sería un error grave pensar que ellos actuaron solos, pues muchas otras personas colaboraron para que existiera nuestro Instituto. La imagen que presentamos intenta representar justamente a esta “constelación” de personas, reunidas en torno al Corazón de Jesús. Vamos a verlos uno a uno:

  1.  Padre Andrés Coindre (en el centro, debajo del brazo izquierdo de Jesús):

Fue un sacerdote francés, nacido en Lyon en 1787. Creció durante la época pos-revolucionaria y debió sufrir en su infancia la persecución a la religión y la prohibición del culto público. Tal vez por esta circunstancia sintió muy profundo el llamado de llevar a Dios a los hombres y eligió el camino del sacerdocio. Se destacó por su gran inteligencia y por su capacidad oratoria,que le aseguraban el éxito en la multitud de misiones que predicó por los pueblos de la zona. Pero además tuvo una sensibilidad especial ante los niños y jóvenes necesitados, que le llevó a la fundación de Providencias y congregaciones para atenderlos. Su espiritualidad estaba centrada en su amor por los Sagrados Corazones de Jesús y de María, por contraposición al racionalismo dominante en la época. En 1821 fundó los Hermanos del Sagrado Corazón y ejerció como primer superior general hasta su muerte. El exceso de trabajo y el agotamiento desencadenaron en él la enfermedad que terminó repentinamente con su vida en mayo de 1826.

  1.  Santa Claudina Thevenet (en el extremo izquierdo de la imagen):

Fue una dama francesa de familia acomodada, que perdió a dos de sus hermanos a manos de los revolucionarios que querían acabar con la religión. En un primer momento el Padre Andrés Coindre le encomienda algunas niñas recogidas de la calle. En 1816 junto con otras compañeras y bajo la guía del Padre Andrés Coindre funda “La piadosa unión de los Sagrados Corazones de Jesús y de María”. Dos años más tarde, y también bajo la indicación del Padre Coindre, se convierte en la primera superiora general de las “Religiosas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María” (hoy Hermanas de Jesús-María). Como religiosa tomó el nombre Madre María de San Ignacio. Aunque no tiene una relación formal con nuestra fundación, es una figura muy importante para comprender el carisma y la visión del Padre Andrés Coindre.

  1.  Guillermo Arnaud o Hermano Xavier (debajo de la mano derecha de Jesús):

Nació en 1801 en una familia campesina y a la edad de 19 años se trasladó a Lyon en busca de mejor vida. Allí conoció al Padre Andrés Coindre, que en abril de 1820 lo contrató como cuidador del taller de telares de la Providencia “El Piadoso Socorro” que había fundado hacía unos años. Un año más tarde el Padre Coindre le propuso unirse a la nueva congregación de Hermanos que iba a fundar y Guillermo accedió, por lo que se le considera el primer Hermano del Sagrado Corazón. Junto con otros nueve compañeros realizó sus votos privados en el Santuario de Ntra. Sra. de Fourviere en Lyon, el 30 de septiembre de 1821. Tomó el nombre de Hno. Xavier. Vivió casi siempre en “El Piadoso Socorro” de Lyon y asumió importantes responsabilidades en la congregación, especialmente la de ecónomo general. A él se debe en buena medida la superación de la crisis que se suscitó durante el gobierno de Francisco Vicente Coindre y que terminó cuando asumió el mando de la congregación el Hno. Policarpo. Por eso, tras su muerte en 1861, se le concedió el título honorífico de “salvador del instituto”. (Nota: la imagen que se ha usado para representarlo es meramente ilustrativa, pues no se conserva ningún retrato suyo.)

  1.  Víctor Guillet o Hermano Borgia (extremo derecho de la imagen):

Era el mayor de los diez pioneros que en septiembre de 1821 hicieron sus primeros votos privados para dar inicio al Instituto de los Hermanos del Sagrado Corazón; en aquel momento tenía 40 años (era incluso mayor que el Fundador, que sólo tenía 34). Era de profesión comerciante de telas, viudo y padre de una hija que había ingresado con las Hermanas de San José. Como deseaba consagrarse a Dios se había unido a otros cuatro hombres para formar una pequeña comunidad en la localidad de Valbenoit; allí conocieron al Padre Andrés Coindre y los cinco se unieron a su proyecto. Seguramente por su edad y su experiencia el Padre Andrés lo nombró Director General del Instituto, lo que significaba que era el encargado de tomar todas las decisiones cotidianas en ausencia del Fundador, que mantenía con él una correspondencia muy fluida. La mayoría de las cartas que conservamos de Andrés Coindre iban dirigidas a él. Abandonó el Instituto en 1836, probablemente desanimado por el rumbo que iban tomando las cosas durante los años de gobierno del Padre Francisco Vicente Coindre. (Nota: la imagen que se ha usado para representarlo es meramente ilustrativa, pues no se conserva ningún retrato suyo.)

  1.  Padre Francisco Vicente Coindre (entre Claudina Thevenet y Andrés Coindre):

Nacido en 1799, era el hermano menor de Andrés, siguió sus pasos en el sacerdocio y recibió el orden sagrado en 1822. Colaboró con su hermano en sus emprendimientos a tal punto que le nombró capellán de “El Piadoso Socorro” de Lyon (una “providencia” u hogar de acogida para varones y primera obra del Instituto) y le designó como su sustituto en caso de que a él le pasara algo. De este modo los Hermanos le eligieron como segundo Superior General en junio de 1826, tras la muerte de Andrés. Sin embargo este joven de 27 años demostró carecer de la visión y de las dotes para la organización de su hermano mayor. Bajo su gobierno se priorizó la construcción y se descuidó el espíritu religioso y la formación. El manejo económico se tornó caótico lo que amenazaba seriamente con hacer desaparecer a la congregación. Por este motivo, después de muchas idas y vueltas, presentó su renuncia a los Hermanos en agosto de 1841. Desde entonces vivió con las Hermanas de Jesús-María, como capellán de su casa de Fourviere, hasta su muerte en 1858.

  1.  Juan Hipólito Gondre o Venerable Hermano Policarpo (en el centro, a la derecha):

Nació en 1801 en la aldea de La Motte, en los Alpes franceses, donde creció ayudando a su familia en las labores del campo y del cuidado de los animales mientras asistía a la escuela local. En 1822 obtuvo el título que le habilita para la enseñanza primaria y asumió el cargo de maestro en su pueblo natal. Sin embargo, pese a sus logros pedagógicos, no se sentía satisfecho aún, pues desde pequeño manifestó una gran sensibilidad espiritual y deseaba consagrarse a Dios. En 1827 conoció a los Hermanos y decidió que ese era su camino, pues le permitía entregar su vida a Dios y seguir desarrollando su vocación docente. Rápidamente se destacó por su formación, su capacidad, su espiritualidad y su carácter, de modo que se le confiaron enseguida tareas de relevancia en la formación de los Hermanos, en la dirección de escuelas y en el gobierno del Instituto. Tras la renuncia del Padre Francisco Vicente Coindre en 1841 fue elegido como tercer Superior General del Instituto (fue el primer Hermano en ocupar ese cargo), en principio por un período de cinco años, y en 1846 fue reelegido en forma vitalicia. Aunque no conoció en vida a Andrés Coindre sí comprendió perfectamente el espíritu de su obra y recogió todos los documentos que pudo del Fundador para escribir las primeras Reglas de los Hermanos. Bajo su gobierno la congregación volvió a florecer: se restableció el buen espíritu, se organizó la formación de los Hermanos, se multiplicaron los establecimientos atendidos, se enviaron los primeros misioneros fuera de Francia (a Estados Unidos en 1846), se obtuvo el permiso oficial para educar en toda Francia. El Hno. Policarpo falleció en 1859, a la edad de 58 años. Su obra fue tan importante que tras su muerte se le concedió el título de “segundo fundador del instituto”. En 1984 el Papa Juan Pablo II lo declaró “venerable” al reconocer que vivió en grado heroico todas las virtudes propias de un cristiano.

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