Andrés Coindre y la Educación I: Los padres

Hoy comenzamos una serie de publicaciones (normalmente serán una por mes) en las que queremos descubrir y profundizar en las ideas educativas del Padre Andrés Coindre.

 

De nuestro Fundador conservamos diferentes tipos de documentos de su puño y letra. Tal vez los más importantes para nosotros sean las cartas que dirigió a los Hermanos, la mayoría al Hno. Borgia. En ellas vemos su preocupación constante y práctica por el Instituto y sus obras: nos habla sobre cuidados a tener, sobre compras, sobre problemas de los Hermanos, sobre las futuras fundaciones, sobre los pasos a dar en cada situación, etc. Como decíamos sus cartas son escritos con un carácter eminentemente práctico. En ellos podemos rastrear algunas de las ideas que él tenía sobre la educación, pero se encuentran dispersas.
Por otro lado están las “obras oratorias”, es decir, los sermones u homilías que él mismo preparaba y en los que con cierta frecuencia se refería a la educación. No todos están completos, pero nos permiten leer su pensamiento de una forma mucho más organizada. En cada publicación sobre este tema transcribiremos las palabras del Padre Andrés y a continuación haremos un comentario sencillo sobre ellas.

LOS PADRES

 

“Si existe un sentimiento profundamente grabado en el corazón de quienes nos han dado la vida, ése no es otro que el deseo de nuestra felicidad. Aún no habíamos nacido y ya se ocupaban de nosotros; asociaban ya nuestros intereses a los suyos y organizaban todos sus proyectos pensando en las mayores ventajas para nosotros. Apenas hubimos abierto los ojos a la luz, nuestras madres olvidaron sus propios dolores para atender nuestras necesidades; y, conforme hemos visto aumentar el número de nuestros años, hemos sentido crecer en ellos nuevas solicitudes, nuevos trabajos para procurarnos unas condiciones ventajosas y honorables.

 

Por eso, hermanos míos, este sentimiento tan natural en el corazón de los padres y de las madres es el que pretendo despertar hoy en vosotros, para que deis a vuestros hijos una educación religiosa y esmerada, por las grandes ventajas que de ella deben extraer.

 

Todos los bienes del hombre se reducen a dos órdenes diferentes. El tesoro de una buena educación es la riqueza más ventajosa: 1º para los hijos que la reciben; 2º para los

padres que la dan. “

 

[Manuscrito 54]

 

COMENTARIO:

 

Claramente Andrés pretende animar a los padres y madres que escuchan sus palabras a brindar una buena educación cristiana a sus hijos, como expresa claramente en el párrafo segundo.

 

Pero antes de decir claramente sus intenciones hay una larga introducción, el primer párrafo, que lleva a hacer recordar a su auditorio a sus propios padres y madres. Digamos que primero mueve el corazón de sus oyentes con el recuerdo de los cuidados que recibieron, para luego sembrar la semilla que quiere plantar.

 

Concluye con una idea original, en el párrafo tercero: El bien que se desprende de la educación cristiana de los hijos no es sólo para ellos, también redunda en un bien para los propios padres.

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