El Hno. Policarpo nos ayuda a vivir esta Cuaresma

Mientras transitamos este tiempo de Cuaresma, tiempo de conversión mientras nos acercamos a la Pascua, podemos buscar muchas formas de ayudarnos en este camino. Hoy les proponemos hacerlo con algunas frases del Venerable Hermano Policarpo.

En su Positio (documento sobre su vida de cara a su beatificación y canonización) leemos que él “quería, vivir como los santos, liberado del imperio de las pasiones, muerto a todo lo caduco, «sin tener ya ni pensamientos ni pretensiones huma­nas ni voluntad propia»” y que “fue sobre las ruinas del hombre viejo, donde asentó los cimientos de su vida espiritual; trabajo exigente de luchas incesantes y difíciles: luchas contra el orgullo y las secretas pasiones, luchas contra el demonio y la violencia de sus ataques”.

 

Esto quiere decir que no era un ángel, no tenía ya “todo resuelto” con facilidad. Al contrario, vivió un duro combate para poder estar cada día más cerca del Corazón de Jesús. Por eso puede ser para nosotros un modelo y guía cercano. Pero dejemos que él mismo nos lo cuente:

 

 

  • Tengo bajas inclinaciones, apetitos depravados. Mas lejos de mí el desaliento; con ardor continuamente renovado, ¡guerra, tres veces guerra, a todos los enemigos de mi salvación!

 

 

 

  • ¡Que el orgullo, la sensualidad, el amor reprobable de las criaturas y de mí mismo, caigan derribados! ¿No constituyen, acaso, un peligro continuo, un riesgo mortal para mi alma?

 

 

 

  • Con el socorro de la gracia, quiero vencerme a mí mismo; quiero seguir a Jesucristo por la senda del sacrificio. Como Él se inmoló por mí, quiero vivir y morir por Él, amar su Cruz y llevarla todos los días de mi vida.

 

 

 

  • Un religioso debe avanzar diariamente en el camino de la perfección, sobre todo en la práctica de la negación de sí mismo; pues si esta no marcha a la cabeza, vano será el esfuerzo dedicado a la adquisición de otras virtudes.

 

 

 

  • Por tanto, sus meditaciones, sus exámenes, sus oraciones…, todo se debe orientar hacia ella; y reconocerán que han hecho algún progreso, cuando los des­precios, los desdenes y las afrentas no les causen ya ningún sentimiento de malestar.

 

 

 

  • Salgan de su letargo; jamás hallarán tiempo más favorable que la cuaresma para renovar un alma que busca a Dios y quiere unirse a Él por el vínculo indisoluble del amor.

 

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