Primer viernes de mes – Marzo 2017

Este primer viernes de mes coincide con los primeros días de la Cuaresma, el tiempo de cuarenta días durante el que nos preparamos para la Pascua, la Resurrección de Cristo. Este tiempo de preparación es, por tanto, un tiempo de conversión, de dejarnos transformar por Dios. Este cambio tiene muchas dimensiones posibles, pero vamos a centrarnos en una: la conversión hacia el hermano, la disponibilidad para ayudar a nuestro prójimo.

 

A este respecto el Artículo 16 de la Regla de Vida de los Hermanos del Sagrado Corazón, titulado “Amor a los hombres” nos dice…

 

De cara a los acontecimientos y a los hombres,

nuestra caridad se hace comprensión,

discernimiento y compromiso.

El mundo, liberado por la cruz,

espera nuestros esfuerzos

para que se realice el proyecto del Padre:

“Recapitular todas las cosas

en Cristo Jesús” (Ef 1, 10).

Pidamos al Señor que estas líneas se hagan cada día realidad en quienes compartimos el carisma que nos dejaron el Padre Andrés Coindre y el Venerable Hno. Policarpo. Podemos ayudarnos en este primer viernes de mes con el siguiente salmo:

 

SALMO PARA SER MÁS GENEROSOS EN ESTA CUARESMA

Ant/ Que tu Corazón transforme nuestro corazón.

 

Señor, yo quiero dar más,

pero tengo miedo:

temo que voy a salir perdiendo.

 

Estoy apegado como el rico de la parábola a los bienes terrenos,

como el dinero, la comodidad, el bienestar,

la posición social, el prestigio, el éxito,

 

Ahora tengo miedo a que me pidas sacrificios.

Sácame fuera el miedo y méteme ánimo.

Muéstrame que das mucho más de lo que pides.

Realmente das mucho. ¿Por qué sigo teniendo miedo?

 

Muéstrame las necesidades de mis hermanos

y ayúdame a que ponga su bien por encima del mío

como tú hiciste al dar tu vida en la cruz

por mi bien y el de todos los hombres.

 

Necesito que me des tu mirada para ver lo que nadie ve,

tus manos para trabajar por los que nadie trabaja,

tus pies para ir donde nadie va…

pero sobre todo necesito tu Corazón, para amar a quienes nadie ama.

 

Confío en Ti, Señor, confío de todo corazón

y quiero darte cada vez más:

mis cosas, mi tiempo y mi propia persona,

para seguirte y darte a conocer a todos cuantos pueda.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

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