La otra historia de los Reyes Magos

Hoy es el “Día de Reyes” como se lo conoce popularmente, o dicho de forma más precisa la fiesta de la “Epifanía” (revelación, manifestación) del Señor. En la visita de estos sabios de oriente al niño Jesús, la Iglesia ha interpretado siempre una revelación de Dios a todas las culturas, al tiempo que un reconocimiento de toda la sabiduría pagana que se arrodilla ante la encarnación de Dios. Por tanto, más allá de dar o recibir regalos es una fecha con un importante significado espiritual.

 

El Hno. Ramón Luis García (de la Provincia de España) comparte este cuento de su autoría, inspirado en los acontecimientos que nos narra el Evangelio.

 

Me los encontré en una manifestación en defensa de los niños prófugos. Eran tres, mayores, de edad indefinida. Parecían del Medio Oriente. En un momento me situé al lado de ellos y comenzamos la conversación. Era una extraña historia.

Me contaron que hace muchos, muchísimos años, se dedicaban al estudio de las estrellas. Cada uno, por su cuenta, descubrió un extraño y sorprendente astro. Mirando sus libros, cuál no fue su sorpresa cuando en esos libros se hablaba de que un “niño rey” iba a salvar al mundo y que para encontrarlo había que seguir esa estrella. Ni cortos ni perezosos los tres se pusieron en camino siguiendo la estrella.

 

Se encontraron al cabo de muchos kilómetros de camino. Marchando, marchando, llegaron a Jerusalén y se dirigieron al palacio de su dirigente, Herodes, para ver si tenía noticia del “niño rey”. Después de consultar, les indicó que se dirigieran a un pueblo cercano llamado Belén. Quizás allí le darían noticias. Les pidió que si lo encontraban se lo comunicaran porque él también quería “adorarlo”. Algo les dijo que el tal Herodes no era trigo limpio.

 

Se pusieron de camino de nuevo y al caer la noche se alegraron cuando vieron de nuevo la estrella. Llegaron a Belén. Como era cerca de medianoche el pueblo estaba desierto. La estrella quedó quieta encima de una humilde choza. Se atrevieron a entrar pero allí no había nadie. Decidieron esperar hasta el día siguiente y dormir un poco.

 

Por la mañana había gente alrededor de ellos y comenzaron a hacer preguntas, unos y otros. Se enteraron que hasta ayer mismo allí habitaba una familia de galileos con un niño pequeño al que llamaban Jesús. Por la tarde uno, que trabajaba en el palacio de Herodes, les informó que una cuadrilla de soldados venía en busca de un niño con propósito de asesinarlo. Los padres sin esperar más tiempo tomaron sus pocas pertenencias y emprendieron la huida, no sabían a dónde.

 

Entristecidos, los tres hombres habían emprendido el camino de vuelta sin haber encontrado al “niño rey”.

 

De pronto un caminante se les unió en el camino y les preguntaron qué buscaban. Le contaron la historia. Él les dijo que prosiguieran su búsqueda. A ese niño lo iban a ir encontrando en cada niño prófugo que se cruzara por su camino. Ese iba a ser su destino y su misión. Que salieran a su encuentro, que les ayudaran. Que ese era el niño que les había anunciado la estrella.

 

De pronto el caminante desapareció y la estrella apareció de nuevo. Y siguieron su búsqueda sabiendo que no terminaría hasta que hubiera un solo niño perseguido, prófugo, sin hogar ni familia, tendrían que seguir a la estrella.

 

Finalmente, me dijeron: “Somos los Reyes Magos. Quizás has oído hablar de nosotros, Ayúdanos, porque solos no podemos cumplir la misión encomendada”.

 

De pronto desperté. O sea que todo había sido un sueño navideño. Me asomé a la ventana y una estrella brillante alumbraba en el cielo. ¿Habría sido sólo un sueño?

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