¿Quién es el Hno. Mark Hilton, nuestro nuevo Superior General?

El pasado mes de mayo, en el 36 Capítulo General de los Hermanos del Sagrado Corazón celebrado en Roma, el Hno. Mark Hilton, hasta ese momento Superior provincial de Estados Unidos, fue elegido como nuevo Superior General del Instituto para el periodo 2018-2024. Amablemente ha accedido a contestarnos a algunas preguntas para que podamos conocerle mejor.

 

1) ¿Podría decirnos algunas palabras sobre sus orígenes: su país, familia, su infancia…?

 

Nací en un pequeño pueblo en las afueras de Melbourne, Australia. Mis padres Vaughan y Norma (Young) Hilton tuvieron cinco hijos; yo soy el menor de cinco hermanos varones. Mi padre era director de una escuela primaria, así que nos tuvimos que mudar a la par de su trabajo, principalmente a lugares rurales remotos. Finalmente, cuando tenía 12 años, nos asentamos en un suburbio de Melbourne llamado Sunshine. Mis cuatro hermanos están casados. Tengo diez sobrinos.

 

2) ¿Cómo se encontró con los Hermanos del Sagrado Corazón? ¿Qué es lo que recuerda sobre esos hermanos?

 

Nosotros nos habíamos mudado a las afueras de la zona oeste de Melbourne cuando estaba en 5º grado. Mis dos hermanos que me seguían en edad fueron a la escuela de los Hermanos en Baybrook, Victoria (Australia). Mi maestro durante mi primer año fue el Hermano Guy Goulet, que actualmente vive en Canadá. Recuerdo también al Hermano Lionel Goulet, igualmente canadiense, que venía a nuestra clase a hablar sobre su vocación cuando yo estaba en 7º grado. En 11º grado, mi profesor de religión, el Hermano Gerard Stever, respondió a uno de mis ensayos que había hecho en clase con un ensayo propio; así, comenzamos un diálogo sobre los Hermanos. Cuando terminé mi grado en Química, ingresé al postulantado en Baybrook.

 

Lo principal que recuerdo de aquel tiempo era el profundo espíritu de comunidad. Algo que me atrajo de sus vidas y su ministerio era el concepto de comunidad. Lo otro era su compromiso con la vida de los colegios y de afuera de ellos. El Hermano Clarence Lebreton era responsable del equipo de natación con el hermano Anicet Paulin y me uní a este en 7º grado. El Hermano Wilfred Cyr era maestro responsable de la banda, a la cual me uní en 8º y donde toqué hasta 12º. Ellos estaban siempre disponibles: fines de semana, en el colegio, fuera del colegio… Había una relación constante personal, abierta y atenta, lo cual me sorprendió.

 

3) ¿Por qué y cómo decidió ser un Hermano?

 

Afortunadamente, tenía amigos que consideraban el hecho una viva religiosa (tres de ellos son ahora sacerdotes), así que estaba en un ambiente propicio para considerar esta vocación. Yo era muy participativo en mi parroquia local en Sunshine y participaba de la liturgia, cantaba, leía. Cuando el ministerio eucarístico comenzó en la parroquia, me preguntaron si quería involucrarme. A pesar de que la idea empezó a tomar forma recién en mis últimos dos años de secundaria, me mantuve en contacto con los Hermanos durante la universidad. El Hermano Gerard Stever fue mi director espiritual y me enseñaba a meditar y a orar y estaba pendiente todo el tiempo para ver cómo estaba todo.

 

Recuerdo el momento en que se lo dije a mis padres. Yo era un niño capaz en el colegio, así que había varias opciones frente a mí, y recién terminaba de graduarme. La respuesta de ellos fue: “Vamos a apoyarte en todo lo que quieras hacer”. Y lo hicieron, incluso cuando eso significara largas ausencias, viajes y el hecho de no estar mucho con ellos.

 

4) ¿En qué actividades se vio involucrado como Hermano en Australia?

 

Mi primer rol como docente fue en un colegio secundario básico de varones. Enseñaba Ciencias Generales, Computación y religión. Luego, fui el ministro del campus: organizaba retiros, oraciones y misas en el colegio.

 

Me mudé a Estados Unidos para prepararme mis votos finales; en ese entonces me quedé dos años como Director en un pequeño colegio de alrededor de 250 alumnos. Luego, volví a Australia a un colegio secundario de los Hermanos, llamado Chisholm College, donde solamente había grados 11º y 12º. Allí enseñé Química, Matemáticas y Religión, y después fui nuevamente ministro del campus. Luego de unos pocos años, asumí el puesto de director.

 

5) Hubo un periodo importante de su vida cuando los Hermanos tuvieron que abandonar Australia. ¿Fue un momento difícil para usted?

 

Ciertamente, la decisión de irnos fue una sorpresa. Unos pocos Hermanos se mudaron a ministerios de Papua Nueva Guinea y a Vanuatu, por lo que la junta escolar le preguntó al Superior Regional cuál era el deseo de los Hermanos. La respuesta era que debíamos irnos en dos años. Fue una cambio para el que no estaba preparado.

 

Había solo cuatro hermanos más conmigo y todos ellos estaban prácticamente retirados. Cuando nos fuimos, dos años más tarde, éramos tres. Así que comprendí que la decisión estaba basada en nuestra viabilidad, pero todo gran cambio trae sus sorpresas. El Hermano Gerard Steverd fue trasladado a Canadá y el Hermanos Joseph Bouchard al estado de Nueva York. Para mí, aquel fue un tiempo de oración y dirección espiritual. Nunca había pensado en abandonar la comunidad; sentía que todo mi ser y mis capacidades pasaban por el carisma del Padre Coindre y su misión, así que no vi otra alternativa. Estaba en una comunidad para formar parte de la cual yo había sido convocado… así que la pregunta era más bien dónde podría servir de mejor manera. Terminé mi doctorado en transmisión del carisma y me enteré sobre una obra en los Estados Unidos. Luego de mucha oración y de pensarlo, pedí ser transferido al estado de Nueva Inglaterra donde se me pidió ser el Director de una de las escuelas de allí.

 

6) ¿Fue difícil para usted adaptarse a un nuevo país?

 

Unos años antes, cuando me estaba preparando para los votos finales en Estados Unidos, había hecho trabajo de voluntariado para quedarme dos años ayudando a una escuela en su transición de ser un colegio de los Hermanos a uno laico. Era un pequeño colegio diocesano en el centro de Maine, así que ya conocía el lugar y a los Hermanos. El tema era estar lejos de mi hogar y mi familia. El Provincial hizo un trato conmigo: podría viajar cada año a casa… así que eso es lo que hice. Sí, extraño los eventos familiares y otras cosas, pero mis padres me escriben seguido y, cuando estoy en casa, parece como si todo vuelve a comenzar donde había terminado la última vez. Así que no, no tuve que adaptarme mucho. Necesité aprender el sistema educativo, pero fue más el hecho de que los chicos tuvieron que adaptarse a mí y a mi acento… ¡se las arreglaron bien!

 

7) Hasta ahora, ¿cuál fue su experiencia internacional en el Instituto?

 

En 2006, estaba en un comité de preparación para el Capítulo General, así que tuve un sentido más amplio de las cosas. Ya había dado talleres en las Filipinas y en Inglaterra, había cursado algunos talleres en Lyon, y por supuesto pude conocer bien a los Hermanos de la provincia de Oceanía durante mi estancia como miembro de esa región. He visitado varias partes de Canadá, especialmente mi antigua provincia de Rimouski, y conocí algunos Hermanos allí. Curiosamente, durante todo el tiempo de mi profesión he sido miembro de varias provincias y distritos con varias fusiones, cambios y traslados: Australia, Pacífico Sur, Rimouski, Quebec, Nueva Inglaterra y los Estados Unidos, y fui parte del noviciado combinado de Estados Unidos, estudiando y viviendo con Hermanos de todas partes de ese país.

 

8) ¿Se sorprendió cuando fue elegido Superior General? ¿Cuáles fueron sus primeros pensamientos y emociones?

 

En verdad, me sorprendió. Otros me habían dicho que era una posibilidad que fuera yo, pero para mí había tantos otros mucho más experimentados que yo… Sin embargo, desde que ingresé a los Hermanos del Sagrado Corazón e incluso antes fui bendecido por el hecho de saber siempre que la presencia y el amor de Dios siempre estarían allí, no importa lo que pase. Cada cambio fue una llamada a la confianza, a la esperanza, a responder.  Y Dios siempre ha sido fiel. Por mucho que no tuviera idea real de todo lo que implicaría este rol, estaba y estoy seguro de que el Espíritu habla a través de los hermanos y de que Dios nunca nos abandonará en todo este proceso.

 

9) En su opinión, ¿cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta en los próximos años?

 

Creo que no podemos escapar a los problemas del mundo que nos rodea. En cada lugar, las circunstancias locales se cruzan con nuestras vidas y nos desafían. Así que cada uno de nosotros puede hacer una lista: envejecimiento, finanzas, autosuficiencia, vocaciones, liderazgo escolar, etc.

 

Creo que una cuestión presente en todos los Capítulos el el llamado a escuchar: no traer respuestas sino responder a las necesidades. Esa postura es una muy importante. Estamos al costado del mundo, pero creo que nuestra fraternidad, nuestra hermandad, es en sí mísma un desafío al mundo de alrededor, una afirmación contracultural: cuando oramos y celebramos, cuando nos juntamos en las comidas, cuando escuchamos, ensañamos, nos sacrificamos por aquellos a quienes servimos… todo esto es una declaración de la maravilla del amor de Dios en medio de un mundo herido. En primer lugar, siempre necesitamos ser fieles a lo que somos llamados a ser: Hermanos, y luego, como el Padre Coindre, encontramos la mejor respuesta a lo que el mundo necesita.

 

10) ¿Podría darnos un primer mensaje para todos los que están en nuestra misión (Hermanos y laicos)?

 

Desde los inicios del Instituto, nuestro trabajo siempre fue una colaboración: laicos, religiosos y religiosas, clérigos. Nunca estuvimos solos. Y aun así ha habido desafíos a lo largo del camino, y a través de este aquellos Hermanos y laicos fieles han nutrido el fuego del carisma para las nuevas generaciones. Como el Padre Coindre una vez señaló: cuando estamos de viaje solos, es difícil. Cuando estamos con otros, el viaje es mucho más fácil. Es en la vida en comunidad, en el hecho de vivir el carisma que los Hermanos han nutrido y traído a la vida en cada localidad, que cada ministerio puede florecer y crecer. Hoy es nuestro turno de, juntos, convertir la llama del amor de Dios en fuego en nuestros ministerios y al acercarnos a los que están alejados. El único límite somos nosotros, porque Dios es siempre fiel.

Recommended Posts

Dejar un comentario

Contacto

Not readable? Change text. captcha txt

Start typing and press Enter to search