¿Qué fue el “Piadoso Socorro”? (2a Parte)

Este año se cumplen el bicentenario de la fundación de la “Providencia del Piadoso Socorro”, la primera obra de nuestro Fundador dedicada a los niños y adolescentes varones. El mes pasado publicamos una primera reseña, de autoría del Hno. Francisco Javier Marquínez de España.

Sin embargo esta no fue la primera ni la única providencia fundada por Andrés Coindre. La ciudad de Lyon (Francia) se vio beneficiada con otras dos, pero dedicadas a las niñas. En el siguiente texto podemos comprender un poco más de estas otras obras y su importancia; esto nos ayuda a comprender en su conjunto la obra del Padre Coindre.

 

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El anuario departamental publicado en Lyon en 1.848 dedica su capítulo noveno a los establecimientos y obras de beneficencia y filantropía presentes en la ciudad. Ahí encontramos dos instituciones donde aparece explícitamente el nombre del Padre Coindre, fallecido, hay que recordarlo, 22 años antes de la publicación de este almanaque. Este hecho pone de relieve que el recuerdo y la obra de Andrés Coindre seguía presente, muchos años después de su muerte, en el paisaje del espíritu y de la caridad de los lioneses.

Debido a su importancia histórica, transcribo literalmente lo que se dice sobre las dos obras atribuidas al Padre Coindre. La primera providencia se describe de la siguiente forma.

Providencia del Padre Coindre en la Cartuja.

Este establecimiento, fundado en 1.818 por este misionero, con la ayuda de algunas damas caritativas, está destinado a niñas pobres de la parroquia de San Bruno. Estas niñas reciben allí, como en las otras casas de Providencia, la instrucción primaria y la formación cristiana, aprenden costura y la confección de tejidos. Esta casa, habitada por un centenar de personas, está dirigida por las Hermanas de San José.

Esta es, sin lugar a dudas, la providencia que tuvo su germen en el encuentro del Padre Coindre con las niñas abandonadas en el pórtico de Saint Nizier y que derivó en el nacimiento de la Piadosa Unión del Sagrado Corazón. Claudine Thevenet era la presidenta de aquellas damas caritativas de las que habla el almanaque. En 1825 la providencia pasa a pertenecer a la parroquia, después de que Claudine y sus compañeras renuncien a todos sus derechos sobre la obra y la dejen en manos del párroco de San Bruno.

Lo más extraordinario de nuestro hallazgo lo encontramos en el nombre de la Providencia. La Hermana Gabriela María, en  el libro que recorre los acontecimientos fundacionales de las religiosas de Jesús María, “De aquella noche en Pierres-Plantées”, da dos nombres distintos a la obra. El primero es el de Providencia del Sagrado Corazón. Éste era el nombre que le dio la propia Claudine Thévenet. Parece que después, según la misma fuente, pasó a llamarse la Providencia de San Bruno. Pero llegamos al almanaque de 1848 y encontramos que la obra se conoce en Lyon como la providencia del Padre Coindre. Podría pensarse, como sucede actualmente en otros muchos casos, que una cosa era el nombre oficial de la institución  y otra bien distinta el nombre con el que era conocida en las calles. Y nos da la impresión de que esa providencia se llamó siempre en Lyon la providencia del Padre Coindre.

La descripción de la segunda providencia la encontramos pocas líneas más adelante.

Providencia de Jesús María en Fourvière

Este establecimiento, así como el de la Cartuja, debe su creación al celo del Padre Andrés Coindre, misionero. Está destinado a la educación de las niñas pobres, desde los 7 hasta los 21 años. Cuando terminan, las niñas reciben un ajuar completo y una pequeña suma de dinero que les ayuda a encontrar trabajo e incluso a establecerse de una manera adecuada s su estado. La misma instrucción, el mismo tipo de trabajo, el mismo número, poco más o menos que la providencia de la Cartuja.

Se trata de la Providencia que surgió en la calle Pierres Plantées de la Croix Rousse, en Lyon. Allí nacieron las religiosas de Jesús María la noche del 5 de octubre de 1818. Claudine Thévenet, una viuda piadosa llamada Juana Burty y una huérfana recogida en la casa inician una andadura que, según todos los indicios, está destinada al fracaso.  Lo dice la misma Claudine: “Me parecía haberme comprometido en una empresa loca y presuntuosa, sin ninguna garantía de éxito. Al contrario, considerando todas las circunstancias, la obra estaba llamada al fracaso”.

Pero las obras de Dios no son como las de los hombres. Aquella llama incipiente y vacilante creció hasta convertirse en un fuego que ha sido capaz de llevar el carisma de nuestro Padre a los cinco continentes.

A algunos les extrañará que en el almanaque no aparezca la providencia de Pieux Secours (“del Piadoso Socorro”). No se trata de ningún error. En 1848 la providencia para niños fundada por el Padre Coindre y que significó el nacimiento de los Hermanos del Sagrado Corazón ya había desaparecido. Tendremos que tratar de todo esto con más detenimiento.

Hno. Javier Marquínez

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