Andrés Coindre y la Educación X: La obediencia de los hijos

Honora patrem tuum et matrem tuam […] ut sis longævus super terram (Ef 6, 2-3)

(Honra a tu padre y a tu madre  […] y tendrás una larga vida en la tierra)

 

“Nuestro siglo, tras haber sacudido violentamente todos los principios de las costumbres, ha desembocado por lo tanto en este triste estado de conformar su conducta a su funesto capricho. Hoy, en muchas familias, no hay más reglas, no hay más subordinación, no hay más autoridad para reprimir el libertinaje. Bien porque los padres son los primeros promotores de estos desórdenes al no saber mandar a sus hijos, bien porque estos hijos desafortunados, imitando la conducta de quienes les conducen, aprenden pronto a prescindir de la autoridad paterna.

 

Es frecuente y nada extraño ya en nuestro siglo que nada es más raro que encontrar entre los hijos esta sumisión, este respeto que deben al autor de sus días hasta el momento de su entrada en la tumba. Aún no ha llegado a los quince años cuando, si un padre vigilante quiere controlar a un hijo indócil, éste se rebela interiormente y suspira después por el día en que la ley lo sustraiga del poder paterno. ¡Cuántos proyectos insensatos no se forja esta juventud por no tener otros maestros que a sí misma! Desertar de la familia, buscar un asilo en el ruido de las armas […]

 

Es que la religión no ha sido […] ¡Qué distinto era con nuestros antepasados! […] Dignos imitadores de los antiguos patriarcas, habían aprendido a estar sometidos a la autoridad sin ni siquiera exceptuar la edad de las canas. Obraban así a ejemplo de Jacob, quien a los setenta y cinco [años] obedeció a la voz de su padre para elegirse una esposa. Obediens Jacob parentibus suis isset in Syriam (Gn 28, 7).”

 

[Manuscrito 58 a]

 

COMENTARIO:

 

Originalmente este texto es un único y extenso párrafo, que aquí hemos separado solamente para analizarlo con mayor facilidad.

 

Si hoy leyéramos el primer párrafo a un grupo de docentes, muchos pensarían que se está hablando de los jóvenes del siglo XXI y no de los de hace doscientos años. Su actualidad es absoluta y hoy el tópico de “la falta de límites” de los niños y adolescentes es algo común entre los educadores.

 

De la segunda parte podemos destacar especialmente: “¡Cuántos proyectos insensatos no se forja esta juventud por no tener otros maestros que a sí misma!” Nuevamente nos sorprende su actualidad… cuando los jóvenes no tienen referentes en el mundo adulto es muy difícil que puedan encarar proyectos realistas, sensatos y constructivos. Podríamos decir que los jóvenes sufren la falta de guías adultos y están abandonados a sí mismos.

 

Finalmente, en la última parte Andrés añora tiempos pasados (es una constante del ser humano pensar que el pasado fue mejor) y acude a un ejemplo bíblico para recordarnos que el respeto a los padres debe durar toda la vida.

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