EFEMÉRIDES DE MARZO

13 de marzo de 1931

Se introdujo la Causa del Hermano Policarpo en la Santa Sede. Esto significaba un paso decisivo para que pudiera llegar a ser Venerable y, eventualmente, Beato y Santo.

El Anuario Nro 25 informaba así a los Hermanos: “La Causa del Hermano Policarpo acaba de dar un paso hacia delante. Habiéndose cerrado el Proceso diocesano, la documentación está ya en Roma. El Santo Padre se ha dignado firmar los decreto de introducción de la Causa en roma. Ha nombrado al al Cardenal Verde como Ponente”.

 

20 de marzo de 1823

Falleció del Hermano Paul, primer difunto del Instituto. Su nombre “civil” era François Porchet, nació el 26 de abril de 1803, ingresó al Instituto el 24 de septiembre de 1821, previamente había sido maestro. Falleció de tuberculosis ganglionar.

 

24 de marzo de 1840

Se celebró el primer Capítulo General tras la muerte del Hno.Policarpo. En el mismo fue elegido Superior General el Hno. Adrián, el que había sido su “Vicario” o “Primer Asistente”.

Así dicen las Actas del Capítulo: “Ha abierto la sesión con un discurso que ha tratado, sobre todo, del Hno. Policarpo, recordando sus preciosas cualidades, cele­brando sus virtudes y evocando su santa muerte. Los miem­bros de la asamblea se han unido a sus sentimientos…, pues todos ellos amaban y veneraban al digno Superior que la muerte les acaba de arrebatar”.

 

28 de marzo de 1903

El Hno. Paulus (Pablo), Superior General, envió una Circular a todos los Hermanos anunciando la disolución del Instituto en Francia. Esto fue una consecuencia de los procesos de lucha contra la Iglesia que se llevaron adelante en Francia a comienzos del siglo XX. A raíz de este hecho algunos Hermanos se mantuvieron en su país, pero “de incógnito”,  mientras que otros emigraron a los países vecinos de Europa: Bélgica, Suiza y España.

Las palabras del Hno. Paulus pueden ser un motivo para sostener la esperanza ante cualquier dificultad que nos toque enfrentar: “No nos desanimemos por la prueba. Que sea para nos­otros un motivo de afianzamiento en nuestra vocación. No vayamos a creer o a decir, sobre todo, impulsados por secretos deseos de deserción, que nuestra Congrega­ción ya no existe y que han quedado suprimidas nuestras obligaciones religiosas. Es cierto que un voto del Parla­mento ha hecho tambalear nuestras obras en Francia; ¿pero acaso hemos hecho votos al Gobierno? Nuestra Sociedad depende directamente de la Iglesia, y mientras la Iglesia no la disuelva, permanece y subsiste legal­mente delante de Dios y de la conciencia. El Sagrado Corazón, que ha tomado bajo su protección nuestra Congregación y que la ha sostenido y desarrollado en medio de mil obstáculos y que Él preside en todos sus acontecimientos, no permitirá que perezca su obra. Por tanto, y a pesar de todo, confianza y buena esperanza.”

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