Andrés Coindre y la Educación IX: Animar a los hijos a la virtud

“Se os permite, padres y madres, querer más a vuestros hijos virtuosos; incluso debéis aplaudir, favorecer sus bellas cualidades con señales sensibles de vuestra aprobación. Se trata de un medio de estimular a la virtud, una emulación santa y necesaria, pues si un estado floreciente debe encubrir el crimen de oprobio y recompensar las bellas acciones, vuestra familia, que es una república de hermanos, debe estar movida por los mismos principios. Nunca consideraré, pues, sabio al que ve con los mismos ojos al hijo inocente y auténtico que al astuto y malo.

 

Pero, también, que no se extiendan los favores sobre las ventajas puramente gratuitas de la naturaleza; que no se menosprecie a ese hijo, a esa hija, a quienes el Señor ha privado, felizmente, de las gracias y encantos que les hubiesen llevado a la perdición; la bondad del corazón es la que merece los elogios y no una hermosura frágil que a menudo sólo sirve para enorgullecerse.

 

Amad a vuestros hijos virtuosos, a fin de estimular a serlo a quienes no lo son; pero no provoquéis nunca celos cuando […] Ahí se esconde la ruina de las familias.

 

Todas las lecciones del maestro más sabio y virtuoso no valen lo que un buen padre dice a este respecto: porque un hijo sabe, y no se equivoca lo más mínimo, que la única finalidad de su padre es trabajar para hacerle feliz y digno de serlo.”

 

                                                              [Manuscrito 58 c]

 

COMENTARIO:

 

Es importante señalar que originalmente este texto es un único y extenso párrafo, que aquí hemos separado solamente para poder comprenderlo mejor.

 

El primer párrafo comienza con una frase que nos choca, pues Andrés Coindre dice que se puede “querer más” a unos hijos que a otros, esta idea choca frontalmente con nuestra sensibilidad actual. Sin embargo, si leemos todo el párrafo, está claro lo que quiere decir: no es lo mismo la bondad que la maldad, debe favorecerse la primera y desestimularse la segunda. Como ya hemos visto en otros textos, nuestro Fundador no rechaza el estímulo (el premio, la recompensa), sino que lo considera un elemento muy valioso en la educación, como lo es en el desarrollo de una nación. ¿Cuáles son los estímulos positivos que empleamos normalmente con nuestros hijos?

 

El segundo párrafo es de gran belleza y nos señala lo que verdaderamente debemos estimular y valorar en los hijos: “la bondad del corazón”. Nos invita a no quedarnos en la gracia superficial, sino a mirar lo más profundo. Los encantos superficiales pueden incluso ser perjudiciales para la propia persona, porque la hacen orgullosa y la llevan a la perdición. ¿Qué es lo que más valoramos en nuestros hijos?

 

El tercer párrafo está incompleto, pero lo poco que se conserva nos ayuda a entender la idea general, que completa las dos anteriores: Hay que estimular la virtud, hay que fijarse que esta virtud esté en el corazón y no sea superficial, pero no hay que generar celos entre los diferentes hijos, porque esto arruina la familia. ¿Logramos mostrarle a nuestros hijos que todos son igualmente queridos aunque haya actitudes que algunos deban mejorar?

 

El cuarto párrafo nos dice que para un hijo la palabra de su padre es más valiosa que la de cualquier sabio, porque viene de quien sabe que le ama. ¿Cuanto hablamos con nuestros hijos? ¿Cuántas veces los felicitamos por las cosas buenas que hacen?

Recommended Posts

Dejar un comentario

Contacto

Not readable? Change text. captcha txt

Start typing and press Enter to search