Andrés Coindre y la Educación VIII: La formación religiosa en la familia

“Hay que instruir a los niños en la religión. Les pro­porcionáis maestros de danza, llenáis su memoria con hechos fabulosos del antiguo paganismo, como si Jesucristo debiera pediros un día si habéis formado buenos bailarines, excelentes poetas, hábiles oradores.

 

Hacer que conozcan los misterios, prevenirles contra las declamaciones impías. Con ello, mostrarles a Jesucristo, esperado en el Antiguo Testamento y reinante en el Nuevo: eso se demuestra con hechos. Nos limitamos a algunas ideas confusas sobre Jesucristo, sobre el Evangelio, sobre la Iglesia, sobre la necesidad de someterse a su infalible autoridad […]

 

Mediante acontecimientos históricos, representarles la religión como hermosa, amable, augusta, en vez de triste y lánguida. Prevenidles contra la superstición: varios padres lo hacen poco.

– «¡Es que no tengo tiempo!» Pero, ¿qué otra cosa tiene usted que hacer el domingo?

– «¡Es que no estoy preparado!» ¡Muy bien! Entonces llévelos con usted a las clases elementales sobre la religión; si ellos no son capaces, enséñeles a confesarse; varios los envían sin […] nada después.

 

Tener devoción al Niño Jesús […] y que en edad adulta repetía: «Dejad que los niños vengan a mí». La devoción a María para obtener la protección sobre su pureza, al Ángel de la Guarda; enseñarles a no empezar nunca una acción importante […]”

 

[Manuscrito 62]

COMENTARIO:

 

En este texto el Padre Andrés Coindre aborda directamente la formación religiosa que los niños deben recibir en sus familias. La Iglesia siempre ha afirmado que la familia es la primera educadora de los hijos y, por tanto, también la primera responsable de su formación en la fe.

 

Andrés quiere despertar a los padres católicos de cierto letargo respecto a la importancia que se da a la formación religiosa en sus familias. Ayer como hoy nos preocupamos de que los niños y adolescentes aprendan muchas cosas, pero se le da muy poca importancia a la formación religiosa, que se limita a “algunas ideas confusas”.

 

También nos advierte frente a las excusas fáciles de no tener tiempo y no estar preparado, a las que muchas veces recurrimos los adultos para evitar comprometernos.

 

Finalmente, en un párrafo con varias frases incompletas pero cuya intención podemos adivinar, da algunos ejemplos de devociones concretas que podemos incentivar en los niños: al Niño Jesús, a María, al Ángel de la Guarda… así como enseñarles a ponerse en manos de Jesús al comenzar cada actividad.

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