LA NAVIDAD EN PALABRAS DE ANDRÉS COINDRE

¡FELIZ NAVIDAD! ¡Dios ha venido al mundo, el Eterno ha entrado en la historia, el Todopoderoso se ha hecho un niño frágil, Dios camina a nuestro lado!

 

Compartimos algunas reflexiones sobre la Navidad de nuestro Fundador, extraídas de un sermón sobre la encarnación. Que su palabra nos ayude a profundizar en el misterio de la Palabra hecha carne para nuestra salvación.

Pues bien, esto es lo que ha hecho este Dios pobre al que adoramos. Precisamente para facilitarnos el acceso junto a Él, es por lo que se ha hecho sensible y popular a los hombres. Ha tomado las formas graciosas y conmovedoras de un niño para ganar nuestros corazones con sus encantos.

Ha dejado en el cielo su trueno, en el monte Sinaí los relámpagos y el rayo para espantar al pueblo carnal siempre rebelde a sus leyes; pero al pueblo espiritual lo ha abordado con los emblemas del amor y de la bondad. Y así, pareciendo pobre, no se ha degradado; porque no es por necesidad, sino por bondad, por lo que ha querido tener sólo un pesebre por trono y unos pañales por manto real; y por guardias, únicamente una pobre mujer y un pobre artesano.

(…)

Sí, Jesús hecho niño para pagar por nuestros crímenes, Jesús mereciendo para nosotros tesoros de gracias, Jesús desarmando la cólera divina y Jesús despertando nuestra ternura con el aspecto conmovedor de un niño, nos enseña a esperar en nuestro Dios, a darle eternas acciones de gracias, a rezarle, a bendecirle, a amarle, a vivir con piedad. Ut pie vivamus in hoc sæculo. El Verbo, descendiendo del trono de su gloria, abandonando su tranquilidad eterna para socorrernos, despojándose ante nuestros ojos de las riquezas para abrazar la pobreza, nos enseña elocuentemente no sólo a no despojar a nuestros hermanos, sino a despojarnos a nosotros mismos para socorrerlos, a amar a nuestros hermanos como Jesús nos ha amado.

(…)

¡Ah, quién me permitirá, pues, grabar en vuestros cora­zones con una pluma de hierro estas grandes palabras: «Si no os hacéis como este niño, no entraréis en el Reino de los Cielos»! Nisi efficiamini sicut parvuli, non intrabitis in regnum cælorum (Mt 18, 3). Cualesquiera que sean vuestro rango, vuestra dignidad, vuestros empleos, aunque fueseis apóstoles, si no sois humildes, no sois nada.

Venid al pesebre, traed hasta aquí como los magos vuestra ofrenda a Jesucristo. Es decir, haced circular entre las manos de los pobres esas limosnas que Jesucristo considera hechas a Él mismo y que tienen tanto más mérito sobre los presentes de los magos cuanto que ellos los hacían al Jesús que veían, mientras que vosotros las [haríais] en honor de este Salvador al que no veis.

Venid al pesebre, impregnaos allí de sentimientos de amor, de piedad, de desprendimiento, de mortificación y mereceréis que este Salvador que os ha nacido os reconozca entre los suyos por la conformidad que encontrará de vuestra vida con la suya. Amén.                               

[Manuscrito 88]

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